¿Y si este verano aprovecharas para quitarte una parte de tu armadura?

Hay libros que se leen una vez y se olvidan. Y hay otros que vuelven a nosotros en distintos momentos de la vida porque, cada vez que los abrimos, descubrimos algo nuevo sobre nosotros mismos.
Eso es lo que me ocurre con El caballero de la armadura oxidada, de Robert Fisher.
Quizá este verano sea un buen momento para leerlo o para volver a leerlo. Te lo recomiendo.
Porque, aunque se presenta como un cuento, en realidad habla de algo que todos hemos experimentado alguna vez: las armaduras que construimos para protegernos y que, sin darnos cuenta, terminan impidiéndonos vivir con autenticidad.
El caballero de la historia llevaba una brillante armadura de la que se sentía profundamente orgulloso. Le hacía sentirse fuerte, seguro y admirado. Con el tiempo, la llevó tan a menudo que acabó olvidando quién era sin ella. Llegó un momento en el que ya no pudo quitársela.
Y, aunque la historia transcurre en un reino lejano, creo que todos conocemos esa sensación.
De qué están hechas nuestras armaduras
No solemos llevar armaduras de metal. Las nuestras están hechas de: prisas, de perfeccionismo, de la necesidad de demostrar constantemente lo que valemos, del miedo a equivocarnos, de querer tener siempre el control o de esa costumbre de poner las necesidades de los demás por delante de las nuestras.
Al principio parecen protegernos, pero, poco a poco:
- Nos pesan.
- Nos alejan de quienes queremos.
- Nos impiden pedir ayuda.
- Nos hacen reaccionar en lugar de elegir cómo responder.
- Y en ocasiones, hasta olvidamos quiénes somos debajo de ellas.
Agosto, un buen mes para pasarle la ITV a nuestras armaduras
Agosto me parece un mes tan especial. El verano nos regala algo que durante el resto del año pensamos que escasea: un poco más de tiempo para escucharnos.
Cuando baja el ritmo, también baja el ruido. Y es entonces cuando empezamos a hacernos preguntas que durante meses hemos ido posponiendo:
- ¿Cómo estoy realmente?
- ¿Qué parte de mí llevo demasiado tiempo escondiendo?
- ¿Qué necesito soltar para vivir con más serenidad?
- ¿Qué armadura ya no necesito seguir llevando?
En el libro, el caballero descubre que nadie puede quitarle la armadura desde fuera.Tiene que hacerlo él mismo.
Y ese proceso no empieza cambiando de trabajo, de ciudad o de circunstancias. Empieza con algo mucho más difícil y, al mismo tiempo, mucho más transformador: atreverse a conocerse de verdad.
La clave del libro y su conexión con las 3C
Mientras lo releía hace unos días, pensaba que ese viaje se parece mucho al que viven las personas y los equipos con los que tengo la oportunidad de trabajar.
Sin haberlo buscado, me di cuenta de que también recorre las tres etapas de mi Metodología Integral 3C®. Porque el libro enseña la imporantcia de liberarnos de las barreras que nos impiden conocernos (Conocer) y amarnos (Cuidar) a nosotros mismos para poder ser capaces de dar y recibir amor (Crear).
La primera clave es Conocer:
No podemos transformar aquello que no somos capaces de ver. Conocernos implica mirar con honestidad nuestras fortalezas, nuestros miedos, nuestras creencias, los hábitos que nos impulsan y también aquellos que, aunque un día nos protegieron, hoy nos limitan.
Después llega Cuidar:
Cuando dejamos de luchar contra quienes somos y empezamos a tratarnos con más comprensión, descubrimos que cuidar de nosotros mismos no es un acto de egoísmo, es la forma de recuperar nuestra energía, nuestra serenidad y nuestra capacidad para afrontar la vida con mayor equilibrio.
Y, finalmente, aparece Crear:
Porque el verdadero crecimiento no termina en uno mismo.
Cuando nos conocemos mejor y aprendemos a cuidarnos, estamos en mejores condiciones para construir relaciones más auténticas, liderar con más humanidad, colaborar con mayor confianza y aportar lo mejor de nosotros a quienes nos rodean.
Al terminar el libro siempre me hago la misma pregunta.
No es qué armadura llevo. Esa respuesta suele ser bastante evidente.
La pregunta realmente importante es:
¿Qué parte de esa armadura ya no necesito para seguir avanzando?
Quizá este verano no necesitemos hacer grandes cambios, quizá baste con quitarnos una pieza:
- Una creencia que nos limita.
- Una exigencia que nos desgasta.
- Un miedo que nos impide pedir ayuda.
- O esa costumbre de pensar que siempre tenemos que poder con todo o controlarlo todo.
A veces, un pequeño cambio en nuestro interior transforma por completo la forma en la que vivimos, trabajamos y nos relacionamos con los demás.
Y esa, precisamente, es la mayor enseñanza que me llevo cada vez que cierro este libro.
Porque, al final, la verdadera fortaleza no nace de la armadura que llevamos. Nace del valor de atrevernos a mostrar quiénes somos cuando, por fin, decidimos quitárnosla.
Te deseo que este verano encuentres algún momento para leer, para reflexionar y, sobre todo, para descubrir qué parte de tu armadura ya puedes dejar atrás.
Quizá sea el mejor regalo que puedas hacerte antes de comenzar una nueva etapa.
¿Qué parte de tu armadura ya no necesitas?
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