¿Y si no fuera normal sentirte tan mal?

Podemos ser buenos en nuestro trabajo, cumplir objetivos y sacar adelante mil tareas… y, aun así, estar funcionando muy por debajo de nuestro potencial.

¿Y si sentirnos permanentemente cansados, estresados o desbordados no fuera el precio que tenemos que pagar por ser buenos profesionales?

Estamos tan acostumbrados a vivir deprisa, resolver problemas y llegar a todo que, a veces, confundimos estar ocupados con estar bien. Incluso normalizamos el agotamiento como si fuera una consecuencia inevitable de nuestro compromiso.

Esta es una de las reflexiones que he recordado con la lectura del libro de Nate Dallas,  You’re Too Good to Feel This Bad, en el que invita a cuestionar hábitos y convenciones que damos por normales, aunque quizá no estén contribuyendo a nuestra salud ni a nuestra felicidad.

No basta con preguntarnos cuánto conseguimos; también necesitamos observar a qué coste lo conseguimos.

El coste invisible de trabajar sin energía

Dallas cuenta su propia experiencia: pese a ser un profesional exitoso, dirigir su negocio y tener una familia, sufría estrés y problemas físicos que le llevaron a replantearse su manera de vivir.

En el capítulo dedicado al trabajo, Nate Dallas invita a reflexionar sobre cómo podemos organizar nuestra actividad profesional para obtener buenos resultados sin descuidar nuestra salud y nuestra vida personal.

Su experiencia nos recuerda que no todo consiste en hacer más y más, sino también en identificar qué aporta mayor valor, cómo utilizamos nuestro tiempo y qué hábitos nos ayudan a trabajar con más claridad y energía.

¿Y si aprendiéramos a utilizar mejor nuestra energía, nuestro tiempo y nuestras capacidades para trabajar mejor y conseguir resultados más sostenibles?

Una reflexión especialmente importante para las empresas, donde el bienestar de las personas y la eficiencia de los equipos pueden reforzarse mutuamente.

El bienestar no debería ser la recompensa que llega cuando terminamos todo el trabajo. Debería formar parte de la manera en que trabajamos.

Tres pasos para transformar el bienestar en resultados

Las ideas del libro conectan con una convicción que guía mi trabajo desde hace años: el cambio comienza en uno mismo, pero necesita consciencia, práctica y compromiso para consolidarse.

Esta es la esencia de mi Metodología Integral 3C®: Conocer, Cuidar y Crear.

1. CONOCER: comprender qué nos ocurre

¿Qué situaciones nos generan estrés? ¿Qué pensamientos condicionan nuestras respuestas? ¿Qué hábitos nos ayudan y cuáles nos restan bienestar?

Conocernos nos permite identificar nuestras emociones, reconocer patrones y descubrir qué depende de nosotros en cada situación.

Porque entre lo que sucede y cómo respondemos existe un espacio en el que podemos aprender a elegir.

2. CUIDAR: aprender a gestionar nuestra energía

Saber qué necesitamos no es suficiente: debemos llevarlo a nuestra vida cotidiana.

Dallas insiste en revisar los fundamentos: dormir lo suficiente, cuidar la respiración, movernos y prestar atención a nuestros hábitos. 

También distingue entre descansar, disfrutar de actividades recreativas y reservar tiempo sin exigencias ni objetivos. 

No todo lo que hacemos para desconectar nos ayuda realmente a recuperarnos.

Prueba esto: la próxima vez que notes que el estrés se apodera de ti, detente unos instantes. Relaja los hombros y observa tu respiración. Respira suavemente, sin forzar, y lleva tu atención al momento presente.

El problema probablemente seguirá ahí, pero esa pausa puede ayudarte a evitar una reacción automática y elegir mejor cómo afrontarlo.

En mis formaciones en las empresas, entrenamos precisamente esta capacidad clave: aprender a responder en lugar de reaccionar. 

Trabajamos para que las personas y los equipos encuentren formas más saludables y eficaces de organizarse y relacionarse.

3. CREAR: entrenar nuestra atención y nuestras respuestas

Podemos leer libros extraordinarios y conocer técnicas muy útiles. Pero ¿qué sucede cuando volvemos al trabajo y nos encontramos con los mismos plazos, reuniones y conflictos?

Si no practicamos, los aprendizajes pueden quedarse en buenas intenciones.

En su capítulo sobre meditación, Dallas comparte una experiencia reveladora: al principio, intentaba meditar y se frustraba porque su mente no dejaba de pensar. Su aprendizaje fue dejar de luchar por conseguir una mente vacía.

Meditar no consiste en dejar de pensar, sino en aprender a relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos.

Observar cuándo nuestra atención se dispersa y volver al presente, sin juzgarnos, es parte del entrenamiento. 

La práctica de mindfulness nos ayuda a desarrollar recursos para gestionar la atención, las emociones y la toma de decisiones.

Por eso, en mis formaciones de mindfulness y meditación, llevamos estas prácticas a situaciones reales del día a día: recuperar el foco, afrontar momentos de tensión y responder con mayor consciencia.

No se trata de meditar para escapar de nuestra realidad, sino de aprender a estar más presentes para vivirla y trabajar en ella.

No siempre podemos elegir lo que pensamos o sentimos, pero podemos entrenar nuestra atención y aprender a responder de otra manera.

¿Y si lleváramos todo esto a nuestros equipos?

Una de las grandes lecciones del libro es que sentirnos mejor no depende de una única solución, sino de revisar cómo vivimos, trabajamos y utilizamos nuestros recursos.

En las empresas, esto significa combinar la responsabilidad individual con entornos que favorezcan el bienestar, revisar hábitos y formas de trabajar y entrenar habilidades que ayuden a gestionar el estrés, comunicarnos mejor y colaborar con menos desgaste innecesario, impulsando el logro de objetivos.

Ese es el propósito de mi Metodología Integral 3C®: Conocer, Cuidar y Crear, llevar el aprendizaje a la práctica para que las personas y los equipos dispongan de más recursos para su bienestar y para conseguir sus objetivos.

Porque el cambio comienza en uno mismo. Y puede transformar la manera en que trabajamos juntos.

Si quieres potenciar el bienestar y el éxito en tu vida o en tu equipo, puedo acompañarte con formaciones y conferencias bonificadas por FUNDAE.

Con más de 20 años de experiencia, he formado a más de 4.000 profesionales en los últimos años, en empresas como Ford, Grefusa o Panama Jack, generando foco, energía y cohesión real en los equipos.

Contacta conmigo y te enviaré la información para diseñar juntos una experiencia transformadora.

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